A roma le debía una segunda visita gracias a una moneda pasada.
Y, si bien no me sorprendió ya tanto como la primera vez, volví a comprobar como Roma sigue manteniendo la magnificencia de su antigüedad, a pesar del expolio sufrido y el paso del tiempo.
Esta vez me había propuesto intentar fotografiar la zona del Coliseo Romano libre de turistas, una difícil tarea que comenzó con un café tras un madrugó a las 4:00 de la mañana, para luego tener que esperar hora y media hasta el amanecer e intentar captar la imagen libre de la marabunta. Ya me dirás si ha valido la pena.
El esplendor del Imperio Romano no sólo nos lo muestra el Coliseo, lo podemos también apreciar en los restos de lo que fuera el Foro Romano, por donde pasear entre ruinas altísimas en lo que fuesen las calles de la ciudad mas importante de su tiempo.
Un esplendor que se observa un poco más allá, son las Termas de Caracalla, que demuestran la magnitud del Imperio Romano hasta en sus épocas de decadencia.






















